LA GUERRA DE CHAVEZ Y LAS VICTIMAS FINALES CUANDO

Cuantas vidas bastaran para que quienes gobiernan los pueblos entiendan que es necesario, aveces generar conflictos o salirse de las leyes y prácticar actividades como las que estan aconteciendo en los paises americanos.
no justifico la invasión de ningun estado sobre otro, pero creo que la ipocresía de el Presidente Chavez de salir a defender a los terroristas, narcotraficantes que son los generadores de tantas muertes, y destrucción de nuestros jovenes y niños no tiene justificación alguna.
pero la realidad nos muestra que hoy es mas importante un par de kilometros mas a dentro o mas afuera de un pais que la vida y la destrucción de generaciones enteras consumidores finales de la producción de la droga.
pero vayamos a lo que realmente sucedio en los ultimos dias y algunas opiniones.
El operativo ha sido de tal precisión quirúrgica y optimetría satelital que Bogotá no esperaba la furiosa reacción del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, aunque difícilmente podía extrañarle que Hugo Chávez montara en cólera mediática. El presidente venezolano ha cerrado su embajada en Bogotá, desierta desde noviembre cuando Uribe le retiró el plácet para negociar con las FARC, y otro tanto ha hecho el ecuatoriano, lo que puede deberse a la polvareda levantada por las acusaciones basadas en la información hallada en el ordenador de Reyes. Documentos presentados por el respetadísimo general Oscar Naranjo retratan a Chávez como financiero y proveedor de armas de las FARC, y a Venezuela como el mejor santuario para la guerrilla; Correa, mucho menos implicado, parece, sin embargo, cautelosamente comprensivo con la guerrilla. El ex teniente coronel, inveterado partidario de matar las mariposas a cañonazos, amenazaba, en cambio, con la guerra si se producía una violación similar de la divisoria venezolana, error y menosprecio del derecho internacional que jamás debería cometer Bogotá. Pero las razones de Chávez pueden conectarse con la gravedad de las revelaciones colombianas. Lo que haya de verdad sobre el compadreo de Caracas con las FARC, aunque debe verificarse por medio de una investigación independiente, ha podido incitar al mandatario venezolano a una acción preventiva, un bosque de imprecaciones, donde ocultar con tambores de guerra si no al mundo, sí a su parroquia, los aspectos más clandestinos del bolivarianismo.
La operación es todo un puñetazo de Uribe sobre la mesa, con el que recupera una iniciativa política que había perdido cuando Chávez y las FARC, haciendo caso omiso de que hubiera retirado la venia para mediar, seguían liberando secuestrados, aunque con cuentagotas, siempre a la mayor gloria del líder venezolano. Y, al mismo tiempo, ese golpe de efecto puede tener notables consecuencias a medio y largo plazo. El presidente colombiano no cesa de afirmar que lo importante no es el hombre sino la causa; no tanto su persona como la perdurabilidad de su obra, pero recientemente se han reavivado los esfuerzos de sus partidarios más lambiscones para plantear que, con los apaños constitucionales necesarios -en Colombia, coser y cantar- Uribe opte a un tercer mandato. Y nada puede propulsar su candidatura tanto como un éxito así, con la única salvedad de que faltan más de dos años para las presidenciales, y la muerte de Reyes quizá no dé para tanto. Nada más fácil, si se presentara la chance a semanas o meses de los comicios, que decirle al electorado que, ya medio descabezadas las FARC, sería necedad e imprudencia confiar el timón del Estado a otras manos.
Si el partido de la izquierda, el Polo Alternativo Democrático aprovecha la oportunidad para condenar a Uribe con demasiado énfasis, por mucho que haya sólidas bases jurídicas para ello, la opinión lo interpretará como una nueva concupiscencia con las FARC, y ello confortará en extremo a Uribe o sus sucesores en la contienda del verano de 2010. El Polo hace bien, con todo, en organizar una gran marcha para mañana jueves contra los paramilitares, secuestradores y asesinos que por defender, supuestamente, al Estado contra la subversión lo que han hecho es envilecerlo. El error de una parte de la izquierda fue boicotear la gran protesta de febrero contra la guerrilla; en la que, tácitamente, lo que el pueblo colombiano estaba pidiendo era, precisamente, lo que acaba de ocurrir: un golpe al corazón de la banda terrorista.
La operación es todo un puñetazo de Uribe sobre la mesa, con el que recupera una iniciativa política que había perdido cuando Chávez y las FARC, haciendo caso omiso de que hubiera retirado la venia para mediar, seguían liberando secuestrados, aunque con cuentagotas, siempre a la mayor gloria del líder venezolano. Y, al mismo tiempo, ese golpe de efecto puede tener notables consecuencias a medio y largo plazo. El presidente colombiano no cesa de afirmar que lo importante no es el hombre sino la causa; no tanto su persona como la perdurabilidad de su obra, pero recientemente se han reavivado los esfuerzos de sus partidarios más lambiscones para plantear que, con los apaños constitucionales necesarios -en Colombia, coser y cantar- Uribe opte a un tercer mandato. Y nada puede propulsar su candidatura tanto como un éxito así, con la única salvedad de que faltan más de dos años para las presidenciales, y la muerte de Reyes quizá no dé para tanto. Nada más fácil, si se presentara la chance a semanas o meses de los comicios, que decirle al electorado que, ya medio descabezadas las FARC, sería necedad e imprudencia confiar el timón del Estado a otras manos.
Si el partido de la izquierda, el Polo Alternativo Democrático aprovecha la oportunidad para condenar a Uribe con demasiado énfasis, por mucho que haya sólidas bases jurídicas para ello, la opinión lo interpretará como una nueva concupiscencia con las FARC, y ello confortará en extremo a Uribe o sus sucesores en la contienda del verano de 2010. El Polo hace bien, con todo, en organizar una gran marcha para mañana jueves contra los paramilitares, secuestradores y asesinos que por defender, supuestamente, al Estado contra la subversión lo que han hecho es envilecerlo. El error de una parte de la izquierda fue boicotear la gran protesta de febrero contra la guerrilla; en la que, tácitamente, lo que el pueblo colombiano estaba pidiendo era, precisamente, lo que acaba de ocurrir: un golpe al corazón de la banda terrorista.
Favio Orlando Cantero

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