En Misiones "la Vieja Politica" se adueño de la Renovación

Las delatoras cicatrices de la política
El Gobernador y su retorno a las prácticas que antes denostó. La intolerancia y el apriete detrás de la máscara conciliadora. La fría respuesta de Kirchner y el alejamiento incesante de sus antiguos compañeros de ruta
Unas pocas imágenes son capaces de pintar una escena completa. Un acto proselitista a media luz, un protegido que anda a los empellones con su pueblo, San Vicente, un Néstor Kirchner que lo ha dejado huérfano de arrumacos, unos cuantos acólitos aferrados a la única oportunidad política que les queda. Carlos Rovira asiste, contra su voluntad, a un paisaje irritante: la soledad, ese fantasma que frecuenta las pesadillas de todos los habitantes del poder, ha salido de su escondrijo y lo acosa, cada día, un poco más.
¿Qué ha mutado tan bruscamente para que el gobernador que tuvo todo para sepultar la vieja política camine hoy en un desfiladero tan estrecho? Muy poco, en realidad. Rovira siempre fue un hombre alejado del diálogo y de los debates. Nunca fue amigo de los consejos y le pasó lo que habría de pasarle, hoy o en cualquier momento: no midió sus pasos. Los hombres que lo acompañaron en esta travesía de siete años han mostrado seguramente mucha devoción para seguirle el andar, pero no habrán de acompañarlo mucho más si aflora, hoy como nunca, la amenaza del abismo a la vuelta de la esquina. La soledad se adivina cada vez más cerca y más palpable. El silencio, por momentos, aturde.
Hay indicios irrevocables de ese escenario ingrato. Comenzaron a hacerse más notorios hace algo más de una semana, cuando una platea fría y distante rodeó a Rovira en el homenaje a José de San Martín en San Ignacio. Los síntomas volvieron a aparecer el viernes por la noche en el club Itapúa. Los intendentes que hace algunos meses inundaron la Legislatura pidiendo el poder eterno para su jefe desaparecieron del primer plano. Rovira, el hombre acostumbrado a los actos ardientes, apareció esa noche ante un escuálido menú de agrupaciones de empleados estatales -que dependen laboralmente de Rovira, entiéndase bien- y con un palco estrictamente ajustado a lo esperable: los ministros y funcionarios que lo acompañan a todos lados, un Esteban Lozina abrumado por un traspié, un Maurice Closs obligado por las circunstancias a conservar su tropa para alguna otra oportunidad, algunos diputados que ahora, con la campaña, deberán mostrar algo más de lealtad que la mera mano levantada en el recinto. Demasiado poco, por cierto, para el hombre que sueña con el poder eterno. Aturdido por el silencio, agobiado por la soledad creciente, Rovira parece, de a ratos, perdido en el paisaje que quiso crear y no le salió: "no importa lo que se elija el 29 de octubre", llegó a decir. Una de dos: O Rovira perdió la brújula en medio del laberinto, o la Constitución no le importa. Ninguna de las dos cosas lleva a buen puerto.
Hace siete días, Joaquín Morales Solá describió en La Nación las incomodidades que sembró en la Iglesia el sueño eternista de Rovira y el temor de que Misiones sea nada más que un globo de ensayo para un eventual plan similar en el seno del kirchnerismo. En la misma columna se leía la respuesta pingüino: semejante cosa sería imposible, porque cualquier desmesura reeleccionista terminaría vinculando a Kirchner con los métodos del menemismo. En Misiones, al pretendido sepulturero de la vieja política le tiemblan las manos. Ha exhumado hace poco a Julio "Cachilo" Rodríguez y sus filas muestran ciertamente cicatrices noventistas en la piel. El discurso de Rovira cruje y amenaza con desmembrarse: la nueva política, al fin y al cabo, jamás ha existido y, lo que es peor, ya se le nota en el rostro.
Alberto Fernández jamás soltará una palabra que no esté previamente convenida con el Presidente. Y, casi al pasar, pone límites a las expectativas de Balcarce 50 sobre la suerte de Rovira: lo que pase en Misiones es una cuestión de Misiones, lanza el Jefe de Gabinete. Algo, definitivamente, ha mutado. Kirchner nunca ha dejado solos a sus colaboradores. Surge, entonces, la pregunta: ¿hasta qué punto el empecinamiento eternista de Rovira puede ser considerado un respaldo a Kirchner? El Presidente ni siquiera ha anunciado aún qué hará en 2007. No necesita, ni remotamente, el empuje de un gobernador que anda a los tropezones y no puede ordenar su propia comarca.
Metáforas del poder
San Vicente, entre la gravedad y la ridiculez. La imagen de Luis Benítez con el rostro desencajado y su variopinta corte de seguidores, en la que entre una escribana y uno o dos abogados también había lugar para intercalar algún cerrajero, parece sacada de una película italiana de los años 50; una metáfora perfecta, y lapidaria, del país de Rovira: el poder tiene esas veleidades y hay veces en que al capo se le da vuelta y el dedo pulgar queda apuntando para abajo.
Al principio, el psiquiatra Guillermo Hernando diagnosticó que el intendente "padece pérdida de concentración y lagunas mentales que hacen necesario en su tratamiento la medicación con ansiolíticos y fitotrópicos sumado a un reposo absoluto". Luego el cuadro se agravó. El médico no quiso otorgarle el alta y lanzó algunas advertencias más que terminaban por dar algunas pistas sobre qué está pasando con la clase política argentina y -por qué no- misionera.
"Él estaba acostumbrado a manejar un presupuesto de 7 ú 8 millones y ahora está sin plata, y no puedo dejar a la comunidad en manos de una persona que no quiso cumplir el tratamiento. No tengo animosidad con él pero debe curarse primero", había explicado Hernando, con paciencia pero tajante.
Ahí, en el medio, la caja. En La marroquinería política, un best seller sobre los manejos de la política argentina, Jorge Asís profundiza: "La marroquinería es la caja, y acá existe la dictadura de la caja. Acá cualquiera -para ser un candidato a tomar en cuenta- se dice: 'tiene caja'. Para hacer política hay que tener caja. Nadie pregunta: ¿cómo se hizo esa caja? Después todos hablamos de moralidad y de honestidad". También ahí, en el medio, una población hastiada de los escandaletes de Benítez y esperanzada en que algún día la normalidad vuelva a San Vicente. ¿Qué hace Rovira para poner en caja a su viejo bendecido? Nada. Hay goteras por todos lados. También en Posadas, ese distrito donde las encuestas marcan un rojo insoportable.
El chancho y los dolores de cabeza
"Los domingos a la mañana, antes cuando no existía la nocturnidad, recorríamos la ciudad con mi marido y los jóvenes (chicos y muchachas) se podían juntar como trastos viejos y tirarlos a la basura. Hoy no ocurre más eso. Por eso quiero a Brignole". Este tipo de testimonios de mujeres/madres/esposas se puede oír en la capital misionera.
Y ahí está el hombre, desafiante y poniendo el dedo en la llaga. Jorge Brignole sabe, por cierto, que arenas movedizas habrán de esperarlo en el camino que se aleja de Rovira. Pero la Renovación que contempla ahora no es la que había y prefiere el sendero estrecho.
"Yo sigo pensando lo mismo que en el 2003, el que cambió fue Rovira. Falta solamente que venga Ramón Puerta. Vino el que era candidato a vicegobernador (de Puerta) "Cachilo" Rodríguez; vino el que era el candidato a diputado provincial (de Puerta) Timoteo Llera, y está en el umbral el que era candidato a diputado nacional (de Puerta) Diego Sartori. Falta sólo Ramón Puerta. Entonces lo que dijimos hace dos años ¿era mentira?", suelta el intendente. Las palabras de Alberto Fernández andan por ahí, acosando los oídos de Rovira.
Brignole redobla. "Tengo una buena relación y opinión de muchos de los que integran la renovación, no así de algunos nefastos como (el directivo y propietario de Noticias de la Calle, Alfonso) "Fonchi" Duarte, un hombre que le va a traer muchísimos dolores de cabeza a Rovira. Él es el hombre que va a destruir la Renovación, que ya destruyó la renovación. Eso lo tienen que saber los intendentes y todos los dirigentes, que "Fonchi" Duarte fue el que destruyó la renovación. Pero la culpa no es del chancho sino de quien le da de comer".
Arenas movedizas, entonces. Brignole osó un buen día suponer que en la renovación no valía el pensamiento único. Esas cosas tienen precio: ya vino el gasto extra del subsidio al transporte. Brignole, para colmo, tiene la costumbre de desoír el apriete: tendrá entonces, gracias a la mayoría automática en la Legislatura, que pagar las viejas deudas del municipio con la ex Administración Provincial de Obras Sanitarias (APOS).
Es eso, y no otra cosa, lo que subyace bajo la faz conciliadora y tolerante de ese gobernador que hasta es capaz de perdonar a los obispos. No es casualidad que Rovira haya elegido para los actos de las últimas semanas un discurso de tono humilde y alejado de la confrontación. Es tiempo de campaña. Desde que inventó la Renovación para mantenerse aferrado en el Sillón de Lanusse Rovira siempre fue un orador crítico que denostó a sus oponentes y se diferenció, en cuanto pudo, de la política noventista. Ahora ya no puede hacerlo: está rodeado de aquellos mismos denostados y tiene enfrente a rivales que no le ofrecen el mismo flanco. Mientras, siente que la soledad anda cerca y ve cómo sus otrora incondicionales piensan dos veces antes de seguirlo. Echa mano, entonces, de los manuales que leyó cuando recién aprendía la política: en los noventa.
Brignole no es el único que siente ahora la persecución. Esteban Lozina fue desde el inicio uno de los más oficiosos terratenientes del rovirismo. Pero ha cometido un descuido en su defensa de la re-re y habló -vagamente, por cierto- de un límite. "Tercer mandato" significa, en cierto modo, un límite. Decir esas cosas en el país de Rovira es poner los dedos en la mesa sin pedir permiso. Las consecuencias pueden adivinarse con facilidad hurgando bajo la superficie. A la fiscal de Instrucción Tres, Margarita Wenner, esposa de Lozina, le aceptaron la renuncia justo en ese juzgado, por cierto, está la causa por el destino de los fondos del plan El hambre más urgente, de los que una de sus responsables, la actual diputada rovirista Gloria Delgado, debe prestar declaración indagatoria. El del viernes a la noche en el club Itapúa era un Lozina abrumado e incómodo. La vieja política se adueñó de la renovación.
Marcha de los Días
Territorio Digital
27/08/2006

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