Monday, July 03, 2006

Puja por sus Superpoderes

"Puja por sus Superpoderes "
Con la misma persistencia que tuvo Domingo Felipe Cavallo, hasta hoy
el más transversal de los ministros por haber ocupado los gabinetes de Menem y
De la Rúa, uno de sus antiguos alfiles no ha perdido sus enseñanzas....
Cada día en Nuestro País nos despertamos con sorpresas que hablan de la vida política e institucional que signan el andar cotidiano de la República.
En ese contexto la Nueva teoría de de los Superpoderes, nos lleva a un retroceso del cual la mayoría de los Argentinos queremos dejar en el pasado.Mientras por un lado se pregona no volver a los `90, por el otro se intenta utilizar la misma metodología que hizo que los ciudadanos de nuestro país en algun momento digamos basta o que s evayan todos, el intento de absolutizar el poder por parte del presidente Kirchner, ya no solo, através de los Gobernadores, intendentes y legisladores o llevandose la Justicia Puesta, ahora pretende cerrar el Congreso quitandole las atribuciones que, por Constitución les Corresponde.
Manejo a discreción el Presupuesto Nacional, con partidas que puedan servir como instrumento proselitista y de apriete, decretos de necesidad y urgencia inexistente para blanquear negocios estrafalarios con grupos de manejo popular (piqueteros, Medios de Prensa Amigos, Empresarios y punteros políticos) a la orden del día nos debe poner en alerta ante una situación que puede repetirse.
Si bien podemos decir que los Argentinos estamos viviendo una etapa económica mejor que la de algunos años atras aun falta una consolidación de garantías y confianza para poder decir que ya salimos. La deuda pendiente con la sociedad mas castigada por el sistema neoliberal está más vigente que nunca, basta con recorrer el cordón deel conourbano bonaerense, o barrios como LA Villa 31, la Boca, Constitución, por nombrar algunos y si salimos hacia el interior del país podemos encontrarnos con provincias olvidadas o con serios problemas ocupacionales, laborales, sanitarios y de educación, a pesar de que sus Gobernadores para las cámaras de Televisión o para la Rosada intenten mostrar una imagen diferente. Es po eso que sostengo que la etapa que debe venir en el país es una etapa donde en la agenda politica deben priorizarse estos temas y para ello el arco político representado en el Parlamento Nacional debe actuar en conjunto con el poder Ejecutivo, Judicial y los Partidos Políticos que son la Garantía de la continuidad de la Democracía.
Hoy más que nunca debemos poner un freno a los atropellos de las instituciones brindandoles las grantías necesarias para su continuidad y funcionamiento lejos de la ambición politica del gobierno de turno.
Favio Orlando Cantero
3 de Julio de 2006

1 Comments:

Blogger Favio Orlando Cantero said...

esta nota la encontre en una pagina y me paredcio que todos debiamos verla y analizarla, por que ella nos refleja por que estamos los argentinos como estamos.-
pido disculpas al autor si la publico sin su autorización pero como no tiene desperdicio alguno desde su comienzo hasta el final creo debemos leerla y difundirla entre todos.
garcias
Favio Orlando Cantero

Indignados de tanta indignación. No se alcanzaba a comprender qué era lo que los agraviaba más, si esos viejos crímenes que hoy repudian, o el papel que jugaron antes, durante y después de que se consumaran.

Así se han venido mostrando en estas últimas semanas del verano, encolerizados por 1976, pero mudos por 1974, espantados hoy por los indultos peronistas de 1989 y 1990, que en esa oportunidad fueron convalidados en silencio pastoso e impúdico.

Pasa a menudo con mis compatriotas justicialistas: ¿necesitaba acaso Carlos Menem abrazarse pectore a pectore con Isaac Rojas? Eran los albores del gobierno que duraría 11 años y el riojano insistía en que los argentinos debían reconciliarse. Lo estoy viendo: nada más nacional y popular que aquella escena truculenta en el viejo departamento del almirante libertador, en Austria y Santa Fe. Porque, claro, hubo algunos embajadores radicales, socialistas y demócrata progresistas al servicio de aquel gobierno militar de 1976, pero el abrazo con el jefe de la Armada en el golpe de 1955 y los indultos a los comandantes de aquel plan sistemático condenado por la justicia en 1985, fueron, como gusta decir con su precario inglés una senadora por la provincia de Buenos Aires, too much.

Es, se diría, congénita esa proclividad incontenible a la apuesta monumental, desencajada, como cuando Perón elogiaba maliciosamente a Mao, al Che y a la “juventud maravillosa”. Decía que él también, si tuviese la edad de los integrantes de la “formaciones especiales”, andaría poniendo bombas.

Bombas hubo, y muchas, antes de 1976. Para ser más preciso, la carnicería puertas adentro se patentizó en toda su violencia el 20 de junio de 1973 cuando millares de enemigos entre ellos se peleaban vociferando “la vida por Perón”.

Nadie pretende hoy en el Gobierno, sin embargo, averiguar algo sobre la tragedia que va del 25 de mayo de 1973 al 24 de marzo de 1976, treinta y cuatro meses de legalidad endeble pero constitucional durante los cuales varios centenares de argentinos fueron muertos a balazos de ametralladora en la era supremacista del homicidio.

La pretensión de acabar ahora con el indulto peronista a los comandantes en 1989 y 1990 debería vérselas con la necesidad de reconstruir esa historia de complicidades, silencios y cobardes abyecciones durante la época más dura de la represión.

Cuando veo ahora por las calles los carteles de unas inexistentes 62 “Organizaciones” denunciando la barbarie uniformada de aquellos años, una indomable indignación me cuece las entrañas. ¿Qué edad tenían hace 23 años quienes ahora denuncian, feroces pero sin riesgo de represión ilegal, cuando Ítalo Luder se candidateaba a presidente de la Nación por el entonces perfectamente unificado Partido Justicialista, promoviendo aceptar la auto-amnistía militar, pieza clave de lo que el presidente electo en 1983 llamaba el “pacto sindical-militar”?

Festival de hipocresías monumentales. Indecorosamente monstruosas: anestesian la capacidad de reacción. Canales de televisión y conductores de programas que acompañaron alegremente a la dictadura, gruñen ahora con fervor converso y se unen al coro de quienes piden el fin de la impunidad.

Lo veo y lo advierto, pero no encuentro broche digno para tamaño aquelarre de mentiras institucionalizadas: ahora resulta que los dueños de los derechos humanos son los mismos que dijeron haber sido bien tratados por los carceleros, los mismos que se negaron a formar parte de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep).

Argentina siniestramente paradojal: en la espesa sopa de aparente virtud humanística y garantista, ¿se oculta algo más digno que la mera pretensión de re-escribir una historia bochornosa para reformatearla, 30 años después, en sentido tan obviamente faccioso?

Hay algo de viscosa perversión en este mundo de destempladas exageraciones.

La ausencia de verdadero nervio democrático se evidencia en una estrategia de tierra arrasada, donde la denuncia de violaciones horripilantes ya sufridas se anexa a la negación de instrumentar políticas de Estado audazmente plurales.

Como sucedió tantas veces al interior del justicialismo, hay herramientas “bisexuales”, para un fregado y para un lavado, para Menem y para Kirchner, gente que no pestañea, en un movimiento que no hace mayores preguntas.

Me gritan que tenga cuidado con tragar la píldora de la teoría de los dos demonios, como si alguien de elemental dignidad pudiera equiparar al delito institucional del terror de Estado establecido entre mediados de 1974 y diciembre de 1983 con crímenes perpetrados en nombre de la patria socialista.

Digámoslo por enésima vez, no, no son equiparables, claro que no. Lo que se hizo desde el poder fue de gravedad tan insondable que es bueno que el país nunca lo olvide.

Pero no percibo en los electrizantes aires oficiales de hoy empeño mesurado y firme por consolidar memoria social, asegurando que la tragedia no se repita. Antes bien, se advierte la fulminante ira de quienes llegaron ayer a un festival del que jamás habían participado.

Tierra arrasada: la historia empezó recién, con nosotros. Ahora van a ver lo que es bueno. Período de “exageraciones histéricas”, como las llama Javier Marías, para quien tipos de esta calaña terminan “consiguiendo la hazaña y cometiendo la vileza de hacer que sus representados empiecen a resultar antipáticos, cuando han sido –y seguirán siendo- quienes más simpatía y solidaridad merecen”.

Y la vida se nos consume, devorados por el infame devaneo del hamacarse entre extremos desaforados, clima de excesos verbales y sopas dialécticas que obliteran una justicia solo posible como hija de la serenidad republicana.

La preocupación más tenebrosa, empero, no anida en el barullo cínico de un setentismo esencialmente instrumental.

Abruma que estos años de ahora, donde desde el poder se traza una semblanza deliberadamente infantil de un conflicto entre idealistas buenos (aunque a veces equivocados) y malos sin retorno, sean el lecho donde se organiza una nuevo tiempo del desprecio, brillantemente descripto ya por Hugo Vezzetti cuando retrataba la Argentina de 1976: “No se trataba, como suele decirse simplificadamente, de una sociedad aterrorizada sino, sobre todo, prudente, según correspondía a los nuevos tiempos, y dispuesta a sobrevivir” (“Pasado y presente. Guerra, dictadura y sociedad en la Argentina”, 2003).

Quisiera creer que este país de hoy es muy distinto del de 1976 y el de 1990, pero lo siento: me cuesta mucho.

10:09 AM  

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